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Estudiantes no están conformes con educación en universidades

26 de julio de 2012


Un riguroso estudio del Politécnico Grancolombiano sobre la educación superior en Colombia revela que tanto estudiantes de colegio como de universidades perciben que la academia es “limitada, costosa y excluyente”.

La educación superior en Colombia no sale bien librada cuando es calificada por los mismos estudiantes, según concluye una investigación realizada por el Politécnico Grancolombiano, que consultó a 1.300 jóvenes, entre los 14 y 30 años de edad.
Pese a que el Gobierno Nacional por estos días hace el balance de sus dos años con especial énfasis en que está avanzando en la educación gratis, los estudiantes manifiestan que gratuidad no necesariamente está relacionada con calidad.
Mejor en el exterior
Según el estudio, los estudiantes colombianos consideran que además de que la educación superior en el país es limitada, costosa y excluyente, creen que hay mejores universidades y mayores posibilidades de estudiar en el exterior.
También aseguran que hay muy poco apoyo y respaldo de parte del Estado, perciben que hay muchas instituciones de “garaje” y afirman que “falta más compromiso de las universidades por contratar profesores de calidad que cuenten con maestría y doctorado”.
Lo que piensan los del “Cole”
La investigación revela que los estudiantes que están próximos a dejar el colegio para ingresar a la universidad en su mayoría creen que las universidades en Colombia son de menor calidad que en el exterior y que hay mayores posibilidades de estudiar en otro país.
Adicionalmente creen que falta compromiso de las directivas para mejorar las instalaciones y contratar profesores de calidad.
Lo que piensan los de la U
Los estudiantes que ya están en la universidad naturalmente conocen más la situación de las instituciones por lo que manifiestan que es difícil el acceso a ellas, que el Estado no brinda mucho apoyo y que existen demasiadas instituciones de garaje.
Además, como tienen una proyección laboral más cercana creen que hay pocas opciones para ingresar en el mercado.
Criterios para elegir una universidad
Para los estudiantes de colegio hay que tener en cuenta la calidad académica, el pensum, el voz a voz y el prestigio. Mientras que los universitarios creen que para elegirla hay que evaluar el costo, la calidad académica, el campus, la tradición, el prestigio y el posicionamiento laboral de los graduados.
Los consultados
En el estudio fueron entrevistados 418 estudiantes de colegio y 882 universitarios. Participaron alumnos de los colegios Gimnasio Los Pinos, Eucarístico, Reyes Católicos, Anglo Americano, Calasanz, Bethlemitas y Rosario Santo Domingo.
Las universidades que más representación tuvieron en la muestra fueron: Politécnico Grancolombiano, Javeriana, Los Andes, Rosario, La Sabana y la Nacional.

Educación: ¡una locomotora pinchada!

23 de julio de 2012

Bogotá_
Afirmó Sergio Fajardo hace unos meses que Colombia necesita una ley que haga de la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, el emprendimiento y la cultura, la primera locomotora, la que jalone el desarrollo del país.
Pero la realidad de las propuestas, han sufrido serios descalabros, ante el debilitamiento del Estado Social de Derecho, pues el gasto social que en la constitución del 91 era la propiedad, fue relevado a un segundo lugar por la política fiscal y en especial, por el acto legislativo que se aprobó en el congreso a pupitrazo limpio, denominado la “regla fiscal”.
La propuesta inicial del gobierno, le dio prioridad a la privatización de las universidades y al lucro individual, para poner a andar la locomotora de la educación, en contravía de lo que en el mundo habían hecho las grandes potencias,  copiando además el nefasto modelo de Pinochet en Chile.
En esencia esta reforma buscaba restructurar el mercado laboral en función de la inclusión acrítica y subordinada por la economía global; en otras palabras solo quieren “formar” proletarios, para el mercado laboral, obedientes, no individuos pensantes. Dicen los expertos que un estudiante le cuesta hoy al Estado tres millones y medio de pesos al año; un soldado 18 millones y un preso 12 millones.
Si por lo menos a cambio de la reforma soltaran los soldaditos a laborar, se obtendría una utilidad importante; aquí está la disyuntiva; continuamos votando plata en la guerra y sembramos presente y futuro para Colombia. La Ministra de educación afirmaba sabiamente que la educación abre puertas y el conocimiento es la riqueza con la que nos enfrentamos a los mercados mundiales, cada vez mas avanzados tecnológicamente, y se preguntaba ¿Estudiar no es solo una condición para acceder al mercado laboral, si no la base de la prosperidad de un país y de fortalecimiento de su democracia?, pues bien la respuesta es:
 Si, entonces yo me pregunto ¿Por qué no lo hace el gobierno? ¿Por qué distraemos importantes recursos para cosas tan improductivas como la guerra y la perversa corrupción que carcome al Estado?
Exponía Ignacio Ramonet que árabes y griegos, chilenos y españoles, israelíes y británicos… una ola de manifestaciones recorren el mundo exponiendo la desesperación de los jóvenes ante un sistema que les impide entrar a la vida activa y los condena a un porvenir sombrío.
¿Por qué no echamos a andar la más importante de las locomotoras?
Presidente Santos, que junto con la de la salud, lo reeligieran si esto es lo que usted quiere y los colombianos de bien esperan de cualquier gobernante, antes que esto se salga de las manos como en el tema de la salud que no da espera.
Decídase por la opción de los pobres, que en este país son la inmensa mayoría pues como lo pregona Andre Gide, el mundo será salvado, si puede serlo, solo por los insumos y verá que la paz vendrá enseguida.
Por eso,  a los demócratas nos gusta que los estudiantes salgan juntos a la calle pregonando de que son estudiantes, porque tienen consigo ese carácter sin personajes que los hacen poetas de la vida y que así mismo los llevan a construir ilusiones perdidas de una sociedad mas justa e igualitaria al son de la música social y de las sonrisas espontáneas, en contra de la ideología neoliberal que estructuran el modelo voraz que genera miseria convirtiendo al mercado en la región oficial.
 

Llegar a la 'U', un reto que pesa en el bolsillo

16 de julio de 2012


Articulo de opinión 


No obstante, los resultados se ven, y es el camino para salir de pobres.


Pagar la matrícula de educación superior es una tarea que cada seis meses cumplen miles de estudiantes y padres de familia en Colombia.
Para la gran mayoría, el pago de una carrera técnica, tecnológica o universitaria representa un peso muy grande para su bolsillo, al punto de que muchos no tienen opción distinta que acudir a préstamos o, simplemente, dejar a sus hijos con el simple grado de bachilleres.
Los padres de Andrés Rincón, un estudiante de estrato tres de una universidad privada de Bogotá, pagaron en días pasados 3'600.000 pesos por la matrícula de un semestre en la carrera de Administración de Empresas. Esta es una tarifa promedio para un programa de pregrado en una universidad privada en Colombia, aunque hay otros de ocho, 10 o casi 16 millones de pesos por semestre, dependiendo de la carrera y, por supuesto, de la institución universitaria.
Cuando de educación superior se trata, además de la universidad, también se tienen en cuenta los programas de técnicos profesionales, los tecnológicos y, aún más allá, las especializaciones, las maestrías y los doctorados.
Para el nivel técnico profesional, un semestre académico cuesta, en promedio, 1'300.000 pesos. En el caso de los niveles tecnológicos el promedio de matrícula para un 'primíparo' es de 1'700.000 pesos, en tanto que para una especialización ronda los cuatro millones; una maestría, los ocho millones, y un doctorado supera los 10 millones de pesos por semestre, claro, siempre con tarifas promedio. Eso sin contar con el infaltable curso de inglés que puede superar los cuatro millones de pesos en un instituto especializado.
A Juliana Gutiérrez, su presupuesto solo le da para inscribirse en lo que ella misma considera, con mucho optimismo, una 'universidad poco conocida', o a la que otros llaman, con más realismo, una institución de 'garaje'. No se sabe cuántas de estas funcionan en el país pero muchas de ellas solo abren sus puertas por ser un verdadero negocio para sus dueños.
Bernardo Rivera, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún), reconoce que tener acceso a educación de alta calidad en el país es muy costoso para el promedio de los ingresos de los hogares. Señala que en la estructura de costos de las universidades, el mayor peso está en el cuerpo de docentes y, de la calidad de ellos, depende en gran medida el costo de la matrícula.
Dice que, por ejemplo, en una universidad en la que los docentes solo tienen pregrado, su salario ronda los dos millones de pesos al mes, pero en universidades de alto perfil con profesores con doctorado, estos devengan siete millones de pesos o más. "Esto se traslada directamente a la matrícula", dice Rivera.
Hugo López, gerente del Banco de la República en Medellín, dice que la importancia de la educación como uno de los caminos para salir de la pobreza es tanta que el 80 por ciento del empleo formal generado en los últimos años en el país ha sido para personas con educación superior.
Además señala que en materia de retorno de rentabilidad, por cada año estudiado en educación superior, una persona se gana 18 por ciento más frente a alguien que solo alcanzó su grado de bachiller.
Hay pocas oportunidades
La odisea de obtener cupo en la universidad pública
Cifras oficiales dicen que en Colombia, la cobertura de la educación superior es del 37%, pero algunos expertos dicen que es solo del 24%. Se estima que hay 1,7 millones de estudiantes en programas técnicos, tecnológicos o universitarios, pero 3,2 millones están fuera del sistema. Solo el 35% de los bachilleres graduados llegan a la universidad y, de estos, solo la mitad termina carrera.
Para que un estudiante de estrato bajo ingrese a la universidad pública es un reto inmenso por la poca disponibilidad de cupos y la competencia que hay con los alumnos egresados de colegios privados de alta calidad.
Así, muchos estudiantes de estratos altos son quienes llegan a las universidades públicas, beneficiándose de los subsidios del Estado.
Los costos asociados e infaltables
Entrar a la universidad no solo representa pagar la matrícula; a eso hay que sumarle costos asociados de varios frentes que deben tenerse presentes.
Carlos Alberto Garzón, coordinador del Foro Permanente de Educación Superior -organización que agrupa a instituciones académicas, de investigación y varias asociaciones del sector- dice que esos costos pueden representar alrededor del 40 por ciento de la matrícula, en promedio. Todo depende de la carrera elegida, teniendo en cuenta que, en algunas de ellas como las ingenierías y las de la salud, se requieren equipos o instrumentos especializados, cuyo costo suele ser elevado, así sean usados.
"En el colegio se paga, por lo general en un solo paquete, pensión, transporte y hasta la alimentación. Además, el estudiante tiene, en promedio, dos uniformes, y el gasto de textos y útiles escolares -aunque elevado- se hace una sola vez al año. En cambio, en la universidad, además de la matrícula semestral, hay que pensar en las otras variables que son recurrentes y hasta imprevistas", señala.
Tampoco puede faltar lo que podría llamarse la 'vida social del estudiante', en la que la rumba y una que otra 'cervecita', no pueden faltar.
Los otros gastos
Llegar a la educación superior implica tener en cuenta otros costos como los formularios de inscripción, derecho al carné, seguro médico, etc.
Con el paso de los semestres puede haber actividades curriculares que también cuestan.
FERNANDO GONZÁLEZ P.
Subeditor de Economía y Negocios

Estudiantes activos.

14 de julio de 2012

Articulo De Opinión 

Hace tiempo que hay manifestaciones estudiantiles en Chile,  grupos estudiantiles que se manifiestan en México y Colombia a través de las redes sociales, grupos de estudiantes que participan y opinan en las redes sociales de muchas universidades de Latinoamérica, grupos de estudiantes que se rebelan ante nueva ley en Guatemala.

Es esperanzador, natural y positivo que los jóvenes se preocupen por su bienestar y el de sus países -que es lo mismo-.  Es satisfactorio que la juventud se interese cada vez más en lo que sucede, y que realicen actividades relacionadas con las circunstancias políticas y económicas que se desarrollan en Latinoamérica y el mundo. Porque de la política y la economía depende el bienestar de todos.  Anima y entusiasma que surgen líderes jóvenes que organizan eventos con el propósito de influenciar lo que sucede, y que muchos otros participen y los apoyen.

Creo que en la mayoría de los casos esas manifestaciones y reclamos están justificados. Hasta cuándo vamos a tener en Latinoamérica gobiernos que no hacen reformas lo suficientemente buenas como para lograr suficiente equidad social, gobiernos que más bien causan que el surgimiento de regímenes mucho peores a los que poco les importa el bienestar de la ciudadanía. ¿Y qué reformas debemos hacer para erradicar la pobreza y lograr equidad?  Muy sencillo: facilitar democrática y verdaderamente la creación de empresas que produzcan trabajo y bienestar para todos; establecer más impuestos para que los más capaces de generar riqueza contribuyan aún más al bienestar de las comunidades.

Si, ante todo promover y facilitar la creatividad individual. Porque son los individuos la verdadera riqueza de un país. Porque son los individuos más creativos y emprendedores los que crean más bienestar y prosperidad para todos; los que verdaderamente pueden mejorar significativamente la condición social de los pueblos.  Ya sabemos que las empresas en manos del Estado están destinadas a la corrupción, al fracaso y a la ruina.

Creo que si bien gran parte de las exigencias de la juventud tienen razón de ser, también deben comprender que gobernar no es fácil, que entre los políticos hay niveles de consciencia diferentes. Y que al igual que los jóvenes unos son más conscientes que otros. Que algunos, jóvenes o políticos, están fuera de la realidad, especialmente los que se empeñan, generalmente por estar resentidos, en imponer a la fuerza ideologías "socialistas" fracasadas y nefastas.  Es evidente que estos nuevos gobiernos "socialistas" que han surgido promueven el constante deterioro de la calidad de vida de los pueblos que tienen la desgracia de sufrirlos.

  Está bien que los estudiantes quieran cambios y progreso, pero es esencial que no caigan en ideologías fantasiosas y negativas. Que se informen bien de los resultados políticos y económicos de las actividades de los que gobiernan. Que reflexionen muy conscientemente para que las acciones que realicen en verdad sean para bienestar de todos.

AURELIO ARREAZA |  EL UNIVERSAL DE VENEZUELA

¿Empresas o universidades?

19 de febrero de 2012

En todo el continente, con la excepción de Cuba, existe una notable proliferación del sector privado de la Educación Superior. En algunos países como Brasil y Colombia, por ejemplo, el número de estudiantes matriculados en las instituciones privadas supera al de las públicas. Esta situación, que en la mayor parte de los casos se produjo en los años 90, incluye al menos dos dimensiones. Los recursos de las familias, y no los del Estado, están financiando una buena parte de la matrícula universitaria. Además está el dinamismo de la educación privada, que en número de instituciones, programas y estudiantes, crece más rápidamente que las entidades públicas, que enfrentan recortes en sus asignaciones fiscales.
En algunos casos, como en Chile, el proceso de privatización supuso además el arancelamiento de todos los estudios y el fin de la tradicional gratuidad. Todos y todas pagan, sea que se inscriban en entidades públicas o privadas,  requiriendo de créditos y endeudamiento personal para culminar una carrera.
Se trata de un fenómeno que corrió paralelo a nuevas expectativas de las clases medias y las políticas de mercado en la economía.  Las entidades privadas poseen ahora tradiciones, culturas y visiones disímiles a las entidades autónomas. A diferencia de éstas que se esfuerzan —aunque no siempre lo logren— por realizar las tres funciones sustantivas de la Educación Superior: formación, investigación e interacción, los establecimientos privados son manifiestamente docentes; es decir, transmiten conocimiento sin realizar labores de investigación.
Por otra parte, concebidas como empresas, que siguen la lógica del costo-beneficio y su dinámica de poder y autoridad, desecharon la pluralidad y la libertad de cátedra que caracteriza desde sus orígenes al mundo universitario. Sus docentes carecen del derecho a organizarse y de libertad de cátedra y por lo que, en consecuencia, han perdido su posibilidad de actuar como portadores de un saber diverso. Sus estudiantes, en tanto, fueron transformados en clientes, que actúan como quien demanda cualquier otra inocua mercancía, que se distribuye y se produce en un ambiente de baja regulación y escasa responsabilidad social y pública.
No siempre cristalizaron en organizaciones dotadas de una gestión moderna y de planificación estratégica; por el contrario se conformaron más bien como empresas familiares o núcleos de socios, que siguen los bamboleos del mercado y en las cuales las autoridades y directivos académicos se confunden con los inversionistas y viceversa. Instituciones, en suma, que en ausencia de organismos colegiados de gestión o participación social para su regulación, se manejan discrecionalmente. El poder se concentra en pocas manos y se ejerce burocráticamente de arriba hacia abajo, contrariando el espíritu participativo universitario.
“Al aplicar la gestión de los negocios al manejo de la universidad se la equipara con la empresa, —señala el académico mexicano Eduardo Ibarra Colado—  y el conocimiento como un recurso valioso sólo en la medida en la que demuestra su utilidad práctica en el menor plazo posible…”. Estamos —aduce— frente a una situación de capitalismo académico o de “Macdonalización” de la Educación Superior, donde la enseñanza se convierte en un vehículo para el lucro.
Las recientes movilizaciones estudiantiles, los pronunciamientos de docentes  en Chile, México, Colombia, Europa e incluso Australia, han colocado en debate el proceso de privatización de las universidades.  ¿Entre nosotros, la crítica de la mercantilización será parte de la descolonización de la educación, ahora en curso?

Por el viceministro de educacion superior de Bolivia





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